viernes, diciembre 29, 2006

Un largo viaje

Un inmenso surco es la estela de mi barco

cuando va solitario navegando en la mar.

Un surco muy largo, sin retorno, sin arado,

un surco de espuma, sólo de sueños, quizás.

Una incisiva reja es la quilla de mi barco,

diente voraz sobre la corteza de la mar.

Besanas estériles lleva abriendo temprano

hacia el horizonte, hacia el mañana falaz.

Una afanosa ala es la vela de mi barco

cuando arranca ayes a los vientos de la mar,

cuando se resquebraja al ciclón endiablado

y firme, orgulloso aguanta el acoso letal.

Un largo viaje es la ruta de mi barco,

un surco, una reja, una ala de la mar.

Solitario, voraz y roto. Un viaje largo,

un sueño del que ya no despertamos jamás.

martes, diciembre 12, 2006

La niña casada

Estoy yo casada,

no soy niña, no,

sino por el alma

ansiosa de amor,

por besos tempranos

sin pasión.

No soy niña, no.

Era yo hermosa,

una bella flor

cuando el prometido

de guerrear llegó

y con su mirar

cual brillante sol

rendida en sus brazos

me hechizó.

No soy niña, no.

Queríame casar

por tener perdón

de mi vida alegre,

de mi alegre albor

siendo niña pura

libre de aflicción.

A mi ingenuo oído

vino su honda voz

y llegó tan hondo

a mi corazón.

Ofrecile el sexo

intacto a varón

y hablele llorando:

“Tuya soy”

Entró el prometido

sin más compasión

y el cuerpo de niña

perdió su candor.

No soy niña, no.

Estoy ya casada

y con gran dolor

que no tengo ni alma

ni tengo pudor

de las cosas castas

construidas por Dios.

“No llorarás, hija”,

la madre avisó.

No lloro, mi madre,

ni pido perdón.

Sólo miro al cielo

y escucho una voz,

“no eres niña, no”.

lunes, diciembre 04, 2006

Adiós

Adiós,

navegué tu cuerpo

surqué mares de deseo

so cielos de porcelana.

Adiós,

encallé la quilla

por tu piel estremecida

entre caricias del alba.

Adiós,

rompí de tus labios

un “te quiero” enamorado

al borde de la ribera.

Adiós,

gocé en tu regazo

como un hombre despacio

de tu cándida belleza.

lunes, noviembre 27, 2006

Abril

La primavera inundó de leche

tus venas,

tus pezones fueron maternal ansia

y fresas,

fueron inmensa vida en su boca

pequeña.

Cumpliste tus tantos sueños primeros

de hembra

atajando el dolor, el resquemor,

las penas...

Brotó la luz, irisó con colores

de estrella.

La primavera trajo vida, paz,

belleza

y transformó a la niña, antaño

risueña

en la ubicua musa, ninfa, diosa

del poeta.

La primavera hartó de orgullo

tus venas

y tu leche fue vida en su boca

inquieta.

La primavera asintió, te preñó

de fiesta.

lunes, noviembre 20, 2006

Soberbia

Diez sendas que retornan a la infancia,

diez jazmines de un

marchito vergel,

diez miradas torpes aún, diez miradas,

diez suspiros inanes de mujer.

Diez razones exhaladas al aire,

diez indiferencias de juventud.

Diez herencias, legado irremediable,

diez heridas ya que supuran pus.

Diez llantos por una infame desdicha,

diez sueños para nunca más soñar,

diez ganas, diez alegrías consumidas,

diez alientos que ido apagando se han.

Diez golpes de rabia, diez de impotencia,

diez ideales próximos al desdén,

diez, tan sólo diez, diez inciertas penas,

diez muertes injustas. Tan sólo diez.

Diez carnes rancias de una misma carne,

diez cortos abriles de un mismo abril.

Diez secretos que huyeron con la tarde,

diez falsos motivos para sufrir.

Diez albas condenadas al olvido,

diez preguntas, diez sorbos de niñez,

diez promesas, diez sombras, diez castigos,

diez caricias cedidas al placer.

Diez sonrisas que engañaron el alma,

diez demonios dentro del corazón.

Diez gritos. Luego se quedó callada.

Diez silencios... Diez. ¿Y esto es amor?

viernes, noviembre 10, 2006

San Valerio

Al fin Nerea decidió bajar a la calle y por las escaleras interiores de la lujosa casa fijó su vista en el reloj viejo de pared que el anciano Harben había traído de Suiza expresamente para su abuelo. Las agujas marcaban el medio día con una obstinada precisión; no se inmutó, sabía que el reloj llevaba así mucho tiempo, indicando la misma hora desde que un día decidió pararse para siempre, pero se le encogió el estómago al recordar los años de su infancia escuchando una a una las campanadas estridentes cuando el mazo golpeaba con dura saña el disco de latón a cada hora. El día que su madre le pegó, tenía cinco años y se colgó de las cadenas de la cuerda y con la pieza en forma de piña del final rompió el cristal. O aquel otro que le puso un chicle de fresa entre las agujas porque se sentía mal y no quería ir a la escuela; mas uno a uno los pensamientos, como los escalones iban quedando tras de ella. Sin demasiado afán descendió al vestíbulo, abrió la puerta y contempló la calle de derecha a izquierda y de siniestra a diestra con ligeros movimientos de cabeza que le produjeron cierto dolor en el cuello. La avenida estaba despejada, aún era temprano. El autobús solitario de las seis de la mañana avanzaba siniestro arrastrando como un gusano sus latas oxidadas desde el fondo de la carretera dejando detrás el olor a petróleo semiácido y a modo de cola un gran nubarrón negro. Era el mismo automóvil ómnibus que inaugurara la línea, el mismo conductor. Nerea levantó la mano derecha y el saludo fue recíproco. Con la mirada fue trazando círculos alrededor de los dos álamos más gordos de la acera donde de jovencita grabara a navaja su nombre y el de algún novio rubricados con un gran corazón, con gran amor, con gran arrogancia, y seguridad, -de pequeños hacemos tantas cosas...- y no halló sino la corteza mugrienta y descolorida.

lunes, octubre 30, 2006

Tormento

Tu madre te concibió en su vientre gestando tu forma día a día y hasta aquí, en el largo y vital viaje sin retorno, has callado porque no hallaste palabras idóneas para romper el silencio, pero al encontrarme hablaste sin temor e inesperadamente aconteció lo más hermoso de nuestra mustia existencia: no enamorados. ¿Negarlo? ¿Niega acaso la rosa de la espinosa planta que le ha tocado en suerte? ¿Acaso la bella mariposa, inquieta y simpática, de la horrible oruga o gusano? ¿Por qué se ha de deshacer lo construido esté bien o esté mal? Tú tienes que seguir amándome porque tu corazón es incapaz de mentir o fingir. ¡Oh, Rigoleta! ¿A qué tenemos miedo? No hables de amor con otros hombres si a nadie más que yo puedes amar de verdad. Dentro de ti se esconde el verbo que brota como manantial de agua transparente y vital, el secreto del fruto prohibido del paraíso perdido. Ofrecerás tu cuerpo pero vacío, sin la sustancia mágica que engendra los llantos ni el arrobo de a seducción prolífera que define el encanto del encuentro primigenio. A otros hombre dirás palabras pudorosas que se gustan de oír pero cerrarás los ojos y me las estarás dedicando a mí. A mí ofrecerás tu cuerpo y otros te amarán por mí así como yo te amaré a ti en los cuerpos semipresentes de mujeres sin nombre y sin significado. ¿Por qué seguir engañándonos?

lunes, octubre 23, 2006

Debiera comprenderte

Debiera comprender esas ansias

cuando apeteces todo mi cuerpo,

cuando desnudas, estremecida,

tu endemoniada piel en silencio.

Debiera comprenderte... y callo,

ni una palabra, tan sólo observo

apenas rosados los pezones

despuntar tímidos en tu pecho.

Compones frases con la mirada,

con esa expresión del iris negro.

Tus labios arrechan los suspiros

que se escapan de tu alma adentro.

¡Cómo te mueres! ¡Desnuda mueres

por apretarte contra mi cuerpo!

¡Mueres! Están temblando tus brazos,

la piel nerviosa, sensible el sexo.

La vulva provoca un río de ganas,

un cauce preñado de deseos

para irritarse poquito a poco

con movimientos cortos y fieros.

Debiera comprender esas ansias

y te ofrezco tan sólo mi cuerpo.

Alma niña henchida de placeres,

henchida de apresurado fuego.

Obedeces al don del capricho,

ni una palabra rompe el silencio.

Sonríes y es que precisas mi carne,

¡hasta mi roja sangre te ofrezco!

Sé que te mueres porque tus labios

humedecen hasta el aliento,

porque hasta la última de tus células

se ha tornado voluptuoso sexo.

Debiera comprender esas ansias

cuando comunicamos al beso

la rabia, la intención de la noche,

la esencia misma de nuestros sueños,

pero las ideas son repentinas

y efímeros nuestros sentimientos.

Debiera comprender esas ansias

para la euforia de los dos cuerpos.

¡Cuerpos! Me agredes con tu dulzura,

ajas del pudor cualquier secreto.

Quiero gritar, hablar, expresarme,

decirlo todo en un momento.

Tu piel sigue quemando mi piel

y mis palabras se hacen silencio.

Debiera comprender esas ansias

y simplemente no quiero.

lunes, octubre 16, 2006

Bueno

Yo era bueno, buenas las calladas gentes,

bueno el mundo y lo que en él habitaba.

Era un arco iris preñado de alegría,

a la vera mía

nada entristecía ni duelo delataba.

Yo era bueno, rezumaba la dicha,

la verdad última de todo lo creado.

Rezumaba inocencia, franqueza, sueños...

Ángeles pequeños

parecían los hombres que había a mi lado.

Perturbados mis sentidos, abrumado,

eufórico de un mundo sin desaliento,

crecí como la verde hoja delicada

de la madrugada

mecida en preñada rama por el viento.

Buenas -¡Sí!- las intenciones de las gentes

mi absorta credulidad fortificaron.

Al fin me hice mayor -¡Ay!- llegó la pena.

Mi única condena:

Inocencia y amor que me traicionaron.

Yo era bueno, buenas las calladas gentes,

bueno el mundo y lo que en él habitaba.

Era un arco iris preñado de alegría,

a la vera mía

nada entristecía ni duelo delataba.

Yo era bueno, rezumaba la dicha,

la verdad última de todo lo creado.

Rezumaba inocencia, franqueza, sueños...

Ángeles pequeños

parecían los hombres que había a mi lado.

Perturbados mis sentidos, abrumado,

eufórico de un mundo sin desaliento,

crecí como la verde hoja delicada

de la madrugada

mecida en preñada rama por el viento.

Buenas -¡Sí!- las intenciones de las gentes

mi absorta credulidad fortificaron.

Al fin me hice mayor -¡Ay!- llegó la pena.

Mi única condena:

Inocencia y amor que me traicionaron.

Corina

Has visto sólo diez veces, Corina,

los amaneceres de fin de agosto

todavía prótasis, en la memoria,

junto al claro río. ¡Eran tan hermosos!

Como tú, la hija promiscua de Dafnis,

las villanas del sayón lupanar.

De la eterna unión prolijas prónubas

aún en la vacilante pubertad.

No retornarás más a la inocencia,

sin remedio, prontamente perdida

mimando a los miserables corruptos

con amapolas y llantos de niña.

La insaciable Friné bajó del trono

y abriendo la mano te dijo: “Ven”.

Era cual eco profundo y sensual,

la excusa del añorado vergel.

lunes, octubre 02, 2006

Te nombro

Te nombro

con hipotética trova,

con la sonrisa en los labios,

con un suspiro en la boca.

Te nombro

con el deseo de mi alma,

con los sueños de la noche,

con dolor en mis entrañas.

Te nombro

con las voces del silencio,

con el llanto inconsolable,

con frustrados sentimientos.

lunes, septiembre 25, 2006

Un largo viaje

Un inmenso surco es la estela de mi barco

cuando va solitario navegando en la mar.

Un surco muy largo, sin retorno, sin arado,

un surco de espuma, sólo de sueños, quizás.

Una incisiva reja es la quilla de mi barco,

diente voraz sobre la corteza de la mar.

Besanas estériles lleva abriendo temprano

hacia el horizonte, hacia el mañana falaz.

Una afanosa ala es la vela de mi barco

cuando arranca ayes a los vientos de la mar,

cuando se resquebraja al ciclón endiablado

y firme, orgulloso aguanta el acoso letal.

Un largo viaje es la ruta de mi barco,

un surco, una reja, una ala de la mar.

Solitario, voraz y roto. Un viaje largo,

un sueño del que ya no despertamos jamás.

Un inmenso surco es la estela de mi barco

cuando va solitario navegando en la mar.

Un surco muy largo, sin retorno, sin arado,

un surco de espuma, sólo de sueños, quizás.

Una incisiva reja es la quilla de mi barco,

diente voraz sobre la corteza de la mar.

Besanas estériles lleva abriendo temprano

hacia el horizonte, hacia el mañana falaz.

Una afanosa ala es la vela de mi barco

cuando arranca ayes a los vientos de la mar,

cuando se resquebraja al ciclón endiablado

y firme, orgulloso aguanta el acoso letal.

Un largo viaje es la ruta de mi barco,

un surco, una reja, una ala de la mar.

Solitario, voraz y roto. Un viaje largo,

un sueño del que ya no despertamos jamás.

lunes, septiembre 11, 2006

EGO

Ayer pretendí ser como un buen profeta.

Nadie mejor para intentarlo conocía.

Grofa vida que todo lo tuerce inquieta.

Esclavo me hallé donde rey era mi meta,

lóbrego manto abatió la esperanza mía.

Malqueda, mi ilusión su sendero torció

a un mundo imperfecto que nada prometía.

Recelé pues del mundo que nunca entendió,

infausto tantos conatos, lo que era yo.

Olvidé casi vivir, si vivir hacía.

Aborreció mi estrella al ser que protegía,

baldón tras baldón continué en mi camino,

a veces por atajos y sendas que veía,

liviano mi vagar. - ¡El jocoso destino:

o morir o andar para vivir cada día!

Horado la tierra, la nueva ruta mía,

entumecido, sin entender ni quien soy.

Restañar pretendo cuan veraz profecía

mi primera y letal herida. Aquí estoy:

otro soñador más con el alma herida.

jueves, septiembre 07, 2006

Niña de pueblo

Tienes ya quince años floridos,

la niña de antaño, del pueblo,

la ninfa de los campesinos,

la virgen de los ojos negros.

Tu sexo, nenúfar tardío,

te floreció sin entenderlo

mientras sentías como un capricho

te enardecía todo el cuerpo.

El ardor de sazón rendido

aprisiona tus sentimientos

y del pueblo por los caminos

te abandonas a los mancebos.

Los placeres que no has vivido

se te insinúan de ansias tan llenos

que para alborear tus sentidos

tienen que anochecer tus miedos.

miércoles, septiembre 06, 2006

Abril

La primavera inundó de leche

tus venas,

tus pezones fueron maternal ansia

y fresas,

fueron inmensa vida en su boca

pequeña.

Cumpliste tus tantos sueños primeros

de hembra

atajando el dolor, el resquemor,

las penas...

Brotó la luz, irisó con colores

de estrella.

La primavera trajo vida, paz,

belleza

y transformó a la niña, antaño

risueña

en la ubicua musa, ninfa, diosa

del poeta.

La primavera hartó de orgullo

tus venas

y tu leche fue vida en su boca

inquieta.

La primavera asintió, te preñó

de fiesta.

lunes, septiembre 04, 2006

Mal hijo

Negro semen fertilizó mi vientre primero

en una aciaga noche de tormento infernal.

Fue mi cuerpo un desmedido surco sementero

do célere la raíz se cuajó de tanto mal.

De mis tetas primerizas leche venenosa

manó en la ingenua juventud del enamorar.

Consentí por indecisa la vida gozosa

mas de dolor infecta que no pude aguantar.

Mi sexo impuro desdobló su velada puerta

y una criatura maligna a este mundo parió.

Fueron vagidos de un nacido para una muerta,

desde entonces para mi la dicha no existió.

Nació un hijo avieso de mis entrañas recientes

sin un pedacito siquiera de corazón,

con la mirada del demonio para las gentes

y sin esperanza, para mí, de redención.

Mi cuerpo marchitose en el incisivo olvido

sin un minúsculo deseo de joven mujer.

Enranciose mi sexo y permaneció prohibido

para los ideales que nos propone el placer.

Morí en la vida mucho más que en la justa muerte

do mi hijo revivió para su insaciable sed.

¿Qué dios de bondad infinita en las almas vierte

tanto rencor e impasible le dice: “¡Creced!”?

Quedose el alma ingenua trémula y dolorida

para una nueva vida que de mi carne di.

Fue mía la culpa por confiar en vulva atrevida

y en misógino sembrador que se atrevió allí.

Ya nada me queda sino un recuerdo lesivo,

un engendro que nunca consintiera parir.

Un mal hijo, mujeriego, sacrílego y esquivo,

cruz inmerecida de mi perpetuo sufrir.

jueves, agosto 31, 2006

La abuela Rosa

La abuela Rosa cruzó la mar para hacerse grande

y se arrojó al agua.

Febrero al sol presentó excusas por su cobardía

en una noche trágica.

Fue su tumba un país lejano, intermedio, extraño,

la angustia en el alma.

Dejó a los suyos: a los hijos, al marido débil,

en una vieja casa

con la esperanza de reunirse en un país imposible

y empezar de la nada.

Volvía a los paraísos de plata que muchos años

antaño la llevara

donde conociera al marido que la desposó

quizás una mañana.

Volvía, no llegó, otro país fue su tumba, un río,

el barco navegaba.

El dolor de dejar el hogar le hizo un agujero

muy adentro en el alma.

Buscando mejor vida la abuela Rosa la halló

debajo de las aguas.

Alguien preguntó al abuelo y obtuvo de respuesta

una célere lágrima.

¿QUÉ HA DE HABER DE NUESTRO PUEBLO?

Tenho fome

Como de meu Povo

Já tenho meu Povo de ferro na minha força.

O POVO É NÓS

J. P. Grabato Dias

¿Qué ha de haber de nuestro pueblo

si no escuchas los quejidos de la miseria,

si no rompes la oxidada cadena

que a la tierra liga los vanos sueños?

¿Qué ha de haber de nuestro pueblo

si no ves el miedo en los ojos de los niños,

si no sientes la agonía del molino

cuando el hombre es harina sin fermento?

¿Qué ha de haber de nuestro pueblo

si no entiendes aún ni de vientos ni de lluvias,

si no respetas la palabra pura

de los que hablan sólo con el silencio?

¿Qué ha de haber de nuestro pueblo

si no vuelves la mirada a la herida abierta,

si no temes la ira de las tormentas

cuando inundan de angustia el firmamento?

¿Qué ha de haber de nuestro pueblo

si no luchas al lado de los campesinos,

si no hueles como el estiércol podrido

cuando fertiliza el vientre térreo?

¿Qué ha de haber de nuestro pueblo

si no consientes los insultos del arado,

si no entras en tu corazón de hermano

el grito silencioso de los viejos?

miércoles, agosto 30, 2006

Para la tierra

Naciste con la rabia

que a las mujeres de mi pueblo da la tierra.

Tras el arado sobre la besana abierta

caminabas.

Con el sacho al hombro

recorriste las extremas del campo seco

y a cada hazadazo despertabas el sueño

de tus ojos.

Que la tierra tan brava

como res salvaje y fiera sabías que era.

Era viento maino y lluvia que caía llena

de esperanzas.

Fuiste niña de pueblo

y tu seno medró con los tojos del monte,

bravo. Tras la reja ajaste el ansia de amores

de tu cuerpo.

Crecías para la muerte

cual el centeno va creciendo para el grano.

El amor cosechó hierbas malas y en barro

los placeres.

Tus manos fermentaron

porque así lo hacía la borona cada día.

Morías en la huerta, en cada surco que abrías

en el campo.

Naciste con la rabia

que a las mujeres de mi pueblo da la tierra,

mas callaste. ¡Habías muerto con la inocencia

en la infancia!

Mujer

Naciste salvaje,

como el lobo, como el verde majuelo,

llena de coraje.

Decían que eras ángel caído del cielo.

Del viento los pasos

seguiste cuando encama los trigales,

contando fracasos

consentiste placeres por ideales.

Del pueblo asumiste

sus costumbres y hasta el mudo enfado

pero no quisiste

ser como las mujeres del arado.

El alma es sabia

y tú te juraste una triunfadora,

mas sólo la rabia

habló por ti a gritos llegada la hora.

Ellos te humillaron,

los hombres de la aldea que más amabas.

Sólo odio hallaron

por más amor que tú les entregabas.

Rompiste los lazos

que en los pies de mujer eran cadenas.

Te dieron abrazos

mas retornaron a sembrar sus penas.

lunes, agosto 28, 2006

Vacío

Lleva la mochilera en su joroba polimerizada

el erógeno soñar de las noches dulces, libros y cartas.

Lleva a sus espaldas, estéril vientre de una madre indecisa,

el arrepentimiento y las ganas del cuerpo, la cobardía.

Lleva en su alma postiza el chapoteo carmenado del molino,

la locura del viento en las cañas, la soberbia de los grillos.

Lleva la mochilera lo que nadie llevar quiere en su cuerpo:

el dolor, los achares, el temor, la vergüenza del deseo.

Lleva, que el no llevarla más pesa, la retozante memoria

de aquel soñador que tanto la quiso y a veces aún la llora.

Lleva el futuro en un bloc de notas, las respuestas al destino,

lleva de sentimientos la saca llena... y el cuerpo vacío.

domingo, agosto 27, 2006

Cuando la noche se caiga

Cuando la noche se caiga
y un velo gris dibuje el infinito
me recordaré de ti
y te amaré en el secreto mío.
Cuando la noche se caiga
sobre el azulado claro del cielo
inventaré tus caricias
amándonos como ayer en silencio.
Cuando la noche se caiga
y como siempre de mi lejos te halles,
me recordaré de ti
sin cesar ni un instante de amarte.
Cuando la noche se caiga
acariciando las olas dormidas
me recordaré de ti...
y te recordaré como aquel día.

viernes, agosto 25, 2006

Tienes

Tienes la mirada fija, traslúcida

hacia el infinito de las hadas,

el sueño en la imaginación, perdido,

la sonrisa rebelde de hojalata.

Tienes el carácter emancipado,

Los ademanes inundados de agua.

Tu voz está en el filo trasteño

donde quiebra sus notas la guitarra.

Y si lloras, ¿para ti que es el llanto

sino un río diminuto de lágrimas?

Tienes el cuerpo indócil, con los velos,

la tela primera de la crisálida.

¿Cuando eclosiones estarás fingida

con el sueño perdido en la mirada?

Tienes mimos como la flor hermosa,

capricho amarillo de la retama,

la indecisión de los grillos cantores,

el orgullo necio de las cigarras.

Tienes, por tener algo en que posar

La mirada atrevida y cansada,

Los pezones nerviosos, impacientes,

Las tetas prisioneras de la infancia.

Tienes los intersticios de las células

livianos, secreto de las entrañas

donde la sangre juega a esconderse,

juega a retozos de amor con el alma.

Tienes la razón saliendo del útero,

la lujuria asumida de las ranas.

Tienes, hija, los caminos enteros,

los sueños eternos, la vida larga.

Sólo un instante

For an instant our lives met, our souls

flowered. (Oscar Wilde)

Te tuve en el aire intenso de mi aliento

un instante hasta perderte para siempre.

Te sostuve con la yema de mis dedos

mientras anegabas de sueños mi mente.

Te sentí en un roce de nuestras vidas.

¡Fue inmensamente grato el placer mío!

Te conocí viajando en tu fantasía

y ni apenas duraste lo que un suspiro.

Nuestras almas se sonrieron, se tocaron,

sin querer se entrelazaron en su vuelo.

Lentamente florecían los lirios blancos...

Nunca un instante pareció tan eterno.

Introducción

Yo soy la esencia del rubor y la inocencia. He resuelto los enigmas del misterioso e interminable universo. Desvelé a la bella de su sueño y bebí el icor de las aras del Olimpo.

En la lejanía de los mares de coral, de las rubias sirenas fui confidente. Luché contra furiosos dragones y a la grupa de blanco Pegaso recorrí el éter vacío hasta los márgenes del paraíso.

Tengo en mi alma el estigma de la vida eterna. Muero en la tierra a cada segundo y resucito triunfador en el horizonte marino completamente desnudo. Las muss adí: el legado de la pasión.

Soy el Oberón de las graciosas hadas, de los dioses su elegido. Nada temo, nada debas me amaron, las nereidas, también las náyades y las nepeas. Poseo el poder que de Eroo. Siento pena por los hombres que sufren su desdichada existencia; maldigo a los tiranos y a los crueles extermino.

Soy el viento furioso que arrasa las cosechas. Soy el divino sol que da vida cada día. Soy la lluvia fría. Soy poeta.

Corté las siniestras alas del sanguinario grifo y el laberinto colérico destruí. La ignorancia despojé de mi incorruptible reino. Hago florecer a las plantas, las simientes germino. Mis manos llegan al infinito, todo lo atrapan y para mis ojos las barreras nunca existieron.

Soy etéreo como el alba pero tangible como las rocas de los montes. Otorgué virginidad a las criaturas más delicadas, cedí mi instinto a los mártires y renuncié a los placeres insulsos de la carne.

Mi arma es el largo arco y las flechas de Cupido. Mi escudo la red sutil que separa los sueños de la realidad. Las cuerdas de la lira son las rejas de mi celda y mi magia... la poesía.