lunes, enero 29, 2007

Celos

Tres minutos, tres,

tres solos bastaron.

Sólo tres y al cabo

se fue.

Empuñó el fusil

y gritó “ramera”

cuando sintió cerca

su fin.

Tres minutos, tres,

de lenta agonía

por una maldita

mujer.

Empuñó el fusil

ciego por la rabia.

Él sólo deseaba

morir.

Tres minutos, tres,

soñando placeres,

su vida y su muerte

también.

Empuñó el fusil

al verla abrazada

con el que ella amaba

feliz.

Tres minutos, tres,

minutos aciagos.

No le había gustado

perder.

Empuñó el fusil

y disparó al pecho.

Sangre cayó al suelo

carmín.

Tres minutos, tres,

por toda una vida,

por una maldita

mujer.

miércoles, enero 17, 2007

La joven india

Joven india cantaba

dulce yaraví endecha.

Los indios la escuchaban

y lloraban de pena.

- “Te has ido, amado, pronto

a la fronda siniestra

para traer a tu amada

unas blancas dicentras.

Contigo, amado, llévame,

llévame a do te encuentras.

Mi vida dejaré,

te hallaré donde quieras.

Me hablaste de amor

y de cuan hermoso era

pero has dejado sólo

pena en mi alma doncella.

Vuelve de la espesura,

vuelve, amado, regresa.

Olvídate la Hénides

que no existen de veras.

¡Te ha matado el puma

negro de la siniestra

cerca del guayacán

donde viven las fieras!

El zahorí me contó

en la chabola vieja

como hablaste mi nombre

al ver la muerte cerca.

Me traías flores blancas

cuan mi blanca inocencia.

Traías dulces cantares

y sólo muerte llega”.

Así, la india cantaba,

melosa y plañidera,

amargo yaraví

mirando a las estrellas.

El viento iba y llevaba

al contorno sus quejas,

repitiendo los llantos,

las solemnes promesas.

- “Amado, te me has muerto

y aquí virgen me dejas

con la triste amargura

de mi blanca inocencia.

Contigo, amado, llévame,

llévame a do te encuentras,

sea corriendo en el monte

o en negra fosa muerta”.

lunes, enero 08, 2007

¿A qué esperas?

Tú, que quedaste mutilado un día,

el cuerpo desmembrado por la guerra,

dime, ¿a quién esperas?

Tú, que huiste al fin de la monotonía

y en el fragor de los mares te adentras,

dime, ¿a quién esperas?

Tú, que de la insoportable agonía

te deshaces al dolor que te lleva,

dime, ¿a quién esperas?