No sé si prefieres de la artera palabrael acento hueco o tal vez su díscola alma.
Yo podría ofrecerte la palabra rota,
el alma loca
de los que nunca son nada.
Quisiera creer que es un amasijo de sueños
la vida del hombre hacia el juicio postrero.
¿Si al cabo todos caminamos al olvido
en que camino
todos nos encontraremos?
Puedo, si quieres, confesarte mis temores;
mis anhelos y deseos siempre fueron pobres.
Tan sólo alcanzar inmensa paz me interesa,
malvivo mientras
del sueño eterno del hombre.
Tú entiendes mi delirio loco de aventura
y te adivinas del buen poeta su gran musa
pero acontece que en vano escribo versos,
que este mi empeño
arrastro desde la cuna.
Vamos yendo hacia el olvido. ¡Al olvido!
a donde se han ido aquellos sueños de niño.
La palabra y el arte me sugieren vida.
La pena mía:
Palabras que son vacíos.




