viernes, diciembre 05, 2008

Canto del preso poeta

Desde la cárcel un rumor
se extiende al éter semicelestial
como el eco de las gaviotas en el mar.

Voy mártir cosechando versos
sin otra esperanza que de coger
las orquídeas doradas que una vez soñé.

El sol refleja viejas sombras
de fantasmas, de cepos y cadenas
sobre los oxidados hierros de la celda.

¿Y qué hice que a mi alrededor
todos gritan furiosos mi gran culpa
con falsas voces que repiten lo que escuchan?

Crucé de golpe los espacios
finitos anteriores a la muerte
donde no se sabe si se vive o se muere.

Desnudo el cuerpo. ¡No soy nada!
Al mundo mi presencia alborotó,
soy un ser bueno equivocado ante Dios.

¿Pequé? Pequé. ¿Quién me condena
mientras que mi amargo llanto se ahoga
con el rumor eterno de palabras rotas?

Pequé. ¿Quién me condena? ¿Quién?
Si del mundo mis versos son pecados
¿quién no ha pecado cuando estuvo enamorado?

Sigo el camino de la muerte
y el verdugo consiente mi martirio.
- La pena de los condenados del destino -


miércoles, diciembre 03, 2008

ESPOSA MÍA

Te amaré en la ribera ajuncada
donde el río duda su cauce torpe,
donde las aguas se apresuran tímidas
a escapar de la tiranía del hombre.

El sol improvisa entre las ramas
un inocente cortejo de rayos
luchando con las sombras indomables
de las nerviosas hojas de los árboles.

Y te amaré allí, esposa mía,
en medio de los crecidos juncales
cuando el amanecer transforme el mundo
en una bella sintonía de imágenes.

Junto al río de aguas frías y transparentes
gozaré tu desnuda piel unípara
imitando el sedoso contacto
del aire temprano con las encinas.

Las bellas florecillas de los lirios
lanzan radiantes desafíos de fiesta
para que un dios seduzca con su gracia
la lozana espesura de la tierra.

En los juncos orgullosos del río
tenderé tu joven cuerpo de madre
para llenarte de sensaciones mágicas
y entrar en ti como el temprano aire.

Esposa mía, que la ribera espesa
de juncos y florecillas del río
propicia amores de fresca presencia
y alecciona a la paz los sentidos.


viernes, noviembre 21, 2008

Abuela Rosa


La abuela Rosa cruzó la mar para hacerse grande
y se arrojó al agua.
Febrero al sol presentó excusas por su cobardía
en una noche trágica.

Fue su tumba un país lejano, intermedio, extraño,
la angustia en el alma.
Dejó a los suyos: a los hijos, al marido débil,
en una vieja casa
con la esperanza de reunirse en un país imposible
y empezar de la nada.

Volvía a los paraísos de plata que muchos años
antaño la llevara
donde conociera al marido que la desposó
quizás una mañana.

Volvía, no llegó, otro país fue su tumba, un río,
el barco navegaba.
El dolor de dejar el hogar le hizo un agujero
muy adentro en el alma.

Buscando mejor vida la abuela Rosa la halló
debajo de las aguas.
Alguien preguntó al abuelo y obtuvo de respuesta
una célere lágrima.

viernes, noviembre 14, 2008

Hacia el punto de no retorno

¿Cómo explicarte que hay un punto en tu vida en el cual te paras, mirás hacia atrás, y todo lo que ves te parece extraño?

Ese momento está cerca. Aparecerá en tu mente un nuevo mundo lleno de complicaciones y a la vez de satisfacciones pero al fin un mundo nuevo y a él debes dedicarte en cuerpo y alma.

Ya no seremos imprescindibles en tu reino, sólo necesarios a veces. Ya no entraremos en tus planes de futuro. Quizás ya empieces a vernos como a estorbos para tus ideales, pero piensa que siempre estaremos tendiéndote el brazo, en lo bueno y en lo malo.

Siempre estaremos preparados para amortiguar tu caída si caes o para encauzar tu euforia si triunfas.

Siempre estarás en nuestros corazones aunque el tuyo ya lo estés abriendo a otra gente.


Te queremos.

miércoles, octubre 29, 2008

Sonrío


Quisiera exonerarme del remordimiento que me supone el haber nacido quizás un poco poeta, quizás un mucho solitario soñador.
No pudo ser de otra manera. Bajo el caótico firmamento la incuria es más fuerte que la diligencia o el celo y nadie pudo prever mi nacimiento.
Sé que moriré sin un nombre. Me siento extraño, como un náufrago en una remota isla del océano pero bella, o la golondrina que erra el rumbo y vaga por cielos desconocidos pero todavía así gozando del viaje.
Soy de los que claman una tierra libre para una justa convivencia. Cada cual en su medio, cada cual a su gusto.
¿Qué puede hacer un poeta de pueble en la mar profanada ya su propia identidad?
El amor se compra en los lupanares. La amistad se discute. La caridad es una inversión... ¿Puedo sonreír?
¡Qué ingrato me es este momento! Los valores eternos han sido suplantados por el precipitado devaneo de un progreso cargado de presunción y defectos. ¿Debo sonreír? Es el tiempo de la carcajada nostálgica. El mundo no precisa mi existencia. Tendré que hacer un esfuerzo y convencerme de que todo podría ir peor o sumergirme en un país de silencios donde nadie es nadie.

La soledad vino a mí y en ella he desgarrado el espíritu de mi memoria para unirla después y hacerla tangible e impertérrita. Mis ojos vieron el sufrimiento, mis manos tocaron heridas supurosas y mis oídos escucharon las risas de quienes no quieren ver ni tocar.

Sonrío y mi sonrisa es un sol en los escollos epidémicos de la humanidad.


Sonrío... Al fin sonrío.

jueves, octubre 23, 2008

Hijo




Hijo,
eras un pequeño sueño
en la conciencia del hombre
y has cobrado vida al paso del tiempo.
En el drama inexplicable de la existencia
te enrolaste a representar tu propia obra.
Hijo, que así te llamo para alegrar mi espíritu,
tu madre y yo renacimos contigo.
En cada célula de tu cuerpo
germinaron todas las células de nuestro cuerpo.
Fuiste amor, ilusión, esperanza;
espera, angustia, dolor luego
y al fin realidad.
Eras un pequeño sueño,
un atisbo de luz en la gran noche de la nada.
Mamá ensayó contigo la encomienda de ser madre;
papá, allá lejos en la mar, lloró.
Quiso más que nunca estar con vosotros.
Papá sintió como nacías aun tan lejos
y empezó ya a añorarte, a quererte... a perderte.

Hijo, hijo mío al fin,
el tiempo avanza sin cometido de enmienda
sino para llevarnos a la nada donde todo se acaba.

Hijo,
cuando nos veas viejos, inservibles
recuerda que de nosotros
llevas hasta el nombre con que te llaman.

jueves, octubre 16, 2008

Náyade


Una temprana mañana
de bruñida aura
y de esotérico cielo,
salí, fatuo, con mis lienzos
a pintar la madrugada.

Al pie del río me encontré
a una mujer,
atrita, fija, callada,
bella joven que saciaba
quizás con agua su sed.

- “¿Para dónde vas -me dijo-
por el camino?”
A pintar, dije, el alba,
¿Y tú, que esperas sentada
en la ribera del río?

- “Mi crepúsculo final
miro llegar”.
Si pareces aún muy niña.
- “Como la luna, mi vida
con cada noche se va.

Plasmarás sobre tus lienzos,
del firmamento
el nacimiento del día
donde morimos las ninfas
y también nuestros secretos”.

En el río, al poco rato,
soberbio y manso
como un espejo azul,
se reflejaba una luz
que se apagaba despacio.

Mi intención de pintar albas
en la mañana
con los colores del aire
se transformó en un instante
por la preciosa muchacha.

Las sombras se han encendido
y harto cautivo
entre las algas envuelta
pinté a la náyade muerta
en el regazo del río.

martes, octubre 14, 2008

EGO


Ayer pretendí ser como un buen profeta.
Nadie mejor para intentarlo conocía.
Grofa vida que todo lo tuerce inquieta.
Esclavo me hallé donde rey era mi meta,
lóbrego manto abatió la esperanza mía.
Malqueda, mi ilusión su sendero torció
a un mundo imperfecto que nada prometía.
Recelé pues del mundo que nunca entendió,
infausto tantos conatos, lo que era yo.
Olvidé casi vivir, si vivir hacía.
Aborreció mi estrella al ser que protegía,
baldón tras baldón continué en mi camino,
a veces por atajos y sendas que veía,
liviano mi vagar. - ¡El jocoso destino:
o morir o andar para vivir cada día!
Horado la tierra, la nueva ruta mía,
entumecido, sin entender ni quien soy.
Restañar pretendo cuan veraz profecía
mi primera y letal herida. Aquí estoy:
otro soñador más con el alma herida.

jueves, abril 24, 2008

A una barriga


Inseminé el cuerpo de tu madre

con el ansia de engendrar

al menos poesía gaya

sobre un fondo de ansiedad.

¡Y surgió el milagro!

Más poesía para ensayar

bienvenidas de cálido arrullo

a nuestro hermético ideal.

Para ti el mundo reclama

un alma do guardarás

los secretos de la vida

y sueños al despertar.

¡Ay! Corta es nuestra existencia.

Aliento de vida tan fugaz

que apenas nacemos

ya nos morimos sin más.

Dicen que hay un cielo

hacia el horizonte allá

pero tal vez sean rumores

de una ansiada libertad.

No sé. Sólo Dios lo sabe

si es esta vida quizá

la nave al paraíso

o si un paraíso frugal.

Si es el camino a la nada...

¿Y para que recordar?

Tú eres el paraíso,

acaso edén terrenal,

materia informe de carne

y un alma donde se irán

las penas amargas

cuando tengas que llorar.

¡Tú eres el milagro!

¿Quién dijo que no hay

un cielo allá arriba...?

¿O en el fondo del alma quizás?

¡El cielo es el vientre

en donde tú estás!

jueves, marzo 13, 2008

ALMA MÍA


¡Qué mal partirás, alma mía,

si, entreviendo los peligros,

escatimas en la defensa

y te aventuras al camino!

¡Qué mal partirás, alma mía,

junto a tanto odio y falsedad!

Calma tus ansias de viajera.

Como la tuya tierra no hay.

¡Qué mal partirás, alma mía!

Fuera irás de la amada tuya.

¿Viste acaso algo malo en ella

que más prefieres la aventura?

¡Qué mal partirás, alma mía!

Que por esos mares de dios

navegan barcos presagiando

ciclones los vientos que no son.

¡Qué mal partirás, alma mía,

hacia una paz insegura!

Embaucador el alto cielo

es, que consiente tus locuras.

¡Qué mal partirás, alma mía,

por mares de tanto llorar!

Mas llega el día de la partida,

de luto el cuerpo quedará.

¡Qué mal partirás, alma mía!

Ya hora es llegada de partir.

Silencio, luto, sólo lágrimas

vienen a mis ojos por ti.

martes, marzo 11, 2008

Un largo viaje



Un inmenso surco es la estela de mi barco

cuando va solitario navegando en la mar.

Un surco muy largo, sin retorno, sin arado,

un surco de espuma, sólo de sueños, quizás.

Una incisiva reja es la quilla de mi barco,

diente voraz sobre la corteza de la mar.

Besanas estériles lleva abriendo temprano

hacia el horizonte, hacia el mañana falaz.

Una afanosa ala es la vela de mi barco

cuando arranca ayes a los vientos de la mar,

cuando se resquebraja al ciclón endiablado

y firme, orgulloso aguanta el acoso letal.

Un largo viaje es la ruta de mi barco,

un surco, una reja, una ala de la mar.

Solitario, voraz y roto. Un viaje largo,

un sueño del que ya no despertamos jamás.