Te amaré en la ribera ajuncadadonde el río duda su cauce torpe,
donde las aguas se apresuran tímidas
a escapar de la tiranía del hombre.
El sol improvisa entre las ramas
un inocente cortejo de rayos
luchando con las sombras indomables
de las nerviosas hojas de los árboles.
Y te amaré allí, esposa mía,
en medio de los crecidos juncales
cuando el amanecer transforme el mundo
en una bella sintonía de imágenes.
Junto al río de aguas frías y transparentes
gozaré tu desnuda piel unípara
imitando el sedoso contacto
del aire temprano con las encinas.
Las bellas florecillas de los lirios
lanzan radiantes desafíos de fiesta
para que un dios seduzca con su gracia
la lozana espesura de la tierra.
En los juncos orgullosos del río
tenderé tu joven cuerpo de madre
para llenarte de sensaciones mágicas
y entrar en ti como el temprano aire.
Esposa mía, que la ribera espesa
de juncos y florecillas del río
propicia amores de fresca presencia
y alecciona a la paz los sentidos.

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