Estás durmiendo
con la cabecita gacha,
con la sonrisa imposible
de porcelana.
Tu mundo es una barriga
en donde sueñas al alba,
con tierras que no pisaste
y pisarás un mañana,
con los ríos que no son ríos
porque aún son gotas de agua,
con voces que son murmullos
de los que te hablan.
Estás durmiendo
en una alcoba cálida
escuchando los latidos
del corazón que te agranda.
Un día se abrirá la puerta
y despertarás sin alas.
La luz entrará a raudales
por las ventanas.
Verás el color del mundo,
nuestras frentes arrugadas.
Verás la senda de espinas
partiendo y volviendo a tu alma.
¿Te han puesto nombre
por el que atiendes, las hadas?
¿Por el que los pajarillos
duendes te cantan?
Quiero tenerlo en mis labios
como el rocío en las plantas:
gotas de vida, frescor,
y a la vez lágrimas.
Estás durmiendo
en maternales entrañas
lleno de orgullo de madre
que nos engendra las ansias.
¿Y que verán tus ojitos
primerizos cuando nazcas?
¿Verán la mano del mundo,
vacía, sin brindarte nada?
La vida es una excusa
para ver la luz del alba,
la primera que nos llega
cuando el astro se levanta.
La vida es una muerte,
un viaje, otra llegada.
Un tránsito a otra parte...
La vida es la esperanza.
Estás durmiendo
en tu santuario de náyade
mientras mi navío intenta
abrazarse con el agua,
mientras los mares acrecen
lentamente con mis lágrimas.
Estás durmiendo
mientras los cielos engañan
paraísos que sólo son
un deseo en la mirada.
Mientras las olas acunan
los cuerpos en la resaca.
Mientras tu padre te inventa
por penínsulas extrañas.
Estás durmiendo,
en lecho de lunas blancas.
Con cariátides vigilantes,
con sirenitas de nácar.
