miércoles, octubre 29, 2008

Sonrío


Quisiera exonerarme del remordimiento que me supone el haber nacido quizás un poco poeta, quizás un mucho solitario soñador.
No pudo ser de otra manera. Bajo el caótico firmamento la incuria es más fuerte que la diligencia o el celo y nadie pudo prever mi nacimiento.
Sé que moriré sin un nombre. Me siento extraño, como un náufrago en una remota isla del océano pero bella, o la golondrina que erra el rumbo y vaga por cielos desconocidos pero todavía así gozando del viaje.
Soy de los que claman una tierra libre para una justa convivencia. Cada cual en su medio, cada cual a su gusto.
¿Qué puede hacer un poeta de pueble en la mar profanada ya su propia identidad?
El amor se compra en los lupanares. La amistad se discute. La caridad es una inversión... ¿Puedo sonreír?
¡Qué ingrato me es este momento! Los valores eternos han sido suplantados por el precipitado devaneo de un progreso cargado de presunción y defectos. ¿Debo sonreír? Es el tiempo de la carcajada nostálgica. El mundo no precisa mi existencia. Tendré que hacer un esfuerzo y convencerme de que todo podría ir peor o sumergirme en un país de silencios donde nadie es nadie.

La soledad vino a mí y en ella he desgarrado el espíritu de mi memoria para unirla después y hacerla tangible e impertérrita. Mis ojos vieron el sufrimiento, mis manos tocaron heridas supurosas y mis oídos escucharon las risas de quienes no quieren ver ni tocar.

Sonrío y mi sonrisa es un sol en los escollos epidémicos de la humanidad.


Sonrío... Al fin sonrío.

jueves, octubre 23, 2008

Hijo




Hijo,
eras un pequeño sueño
en la conciencia del hombre
y has cobrado vida al paso del tiempo.
En el drama inexplicable de la existencia
te enrolaste a representar tu propia obra.
Hijo, que así te llamo para alegrar mi espíritu,
tu madre y yo renacimos contigo.
En cada célula de tu cuerpo
germinaron todas las células de nuestro cuerpo.
Fuiste amor, ilusión, esperanza;
espera, angustia, dolor luego
y al fin realidad.
Eras un pequeño sueño,
un atisbo de luz en la gran noche de la nada.
Mamá ensayó contigo la encomienda de ser madre;
papá, allá lejos en la mar, lloró.
Quiso más que nunca estar con vosotros.
Papá sintió como nacías aun tan lejos
y empezó ya a añorarte, a quererte... a perderte.

Hijo, hijo mío al fin,
el tiempo avanza sin cometido de enmienda
sino para llevarnos a la nada donde todo se acaba.

Hijo,
cuando nos veas viejos, inservibles
recuerda que de nosotros
llevas hasta el nombre con que te llaman.

jueves, octubre 16, 2008

Náyade


Una temprana mañana
de bruñida aura
y de esotérico cielo,
salí, fatuo, con mis lienzos
a pintar la madrugada.

Al pie del río me encontré
a una mujer,
atrita, fija, callada,
bella joven que saciaba
quizás con agua su sed.

- “¿Para dónde vas -me dijo-
por el camino?”
A pintar, dije, el alba,
¿Y tú, que esperas sentada
en la ribera del río?

- “Mi crepúsculo final
miro llegar”.
Si pareces aún muy niña.
- “Como la luna, mi vida
con cada noche se va.

Plasmarás sobre tus lienzos,
del firmamento
el nacimiento del día
donde morimos las ninfas
y también nuestros secretos”.

En el río, al poco rato,
soberbio y manso
como un espejo azul,
se reflejaba una luz
que se apagaba despacio.

Mi intención de pintar albas
en la mañana
con los colores del aire
se transformó en un instante
por la preciosa muchacha.

Las sombras se han encendido
y harto cautivo
entre las algas envuelta
pinté a la náyade muerta
en el regazo del río.

martes, octubre 14, 2008

EGO


Ayer pretendí ser como un buen profeta.
Nadie mejor para intentarlo conocía.
Grofa vida que todo lo tuerce inquieta.
Esclavo me hallé donde rey era mi meta,
lóbrego manto abatió la esperanza mía.
Malqueda, mi ilusión su sendero torció
a un mundo imperfecto que nada prometía.
Recelé pues del mundo que nunca entendió,
infausto tantos conatos, lo que era yo.
Olvidé casi vivir, si vivir hacía.
Aborreció mi estrella al ser que protegía,
baldón tras baldón continué en mi camino,
a veces por atajos y sendas que veía,
liviano mi vagar. - ¡El jocoso destino:
o morir o andar para vivir cada día!
Horado la tierra, la nueva ruta mía,
entumecido, sin entender ni quien soy.
Restañar pretendo cuan veraz profecía
mi primera y letal herida. Aquí estoy:
otro soñador más con el alma herida.