jueves, octubre 23, 2008
Hijo
Hijo,
eras un pequeño sueño
en la conciencia del hombre
y has cobrado vida al paso del tiempo.
En el drama inexplicable de la existencia
te enrolaste a representar tu propia obra.
Hijo, que así te llamo para alegrar mi espíritu,
tu madre y yo renacimos contigo.
En cada célula de tu cuerpo
germinaron todas las células de nuestro cuerpo.
Fuiste amor, ilusión, esperanza;
espera, angustia, dolor luego
y al fin realidad.
Eras un pequeño sueño,
un atisbo de luz en la gran noche de la nada.
Mamá ensayó contigo la encomienda de ser madre;
papá, allá lejos en la mar, lloró.
Quiso más que nunca estar con vosotros.
Papá sintió como nacías aun tan lejos
y empezó ya a añorarte, a quererte... a perderte.
Hijo, hijo mío al fin,
el tiempo avanza sin cometido de enmienda
sino para llevarnos a la nada donde todo se acaba.
Hijo,
cuando nos veas viejos, inservibles
recuerda que de nosotros
llevas hasta el nombre con que te llaman.
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