domingo, noviembre 25, 2007

Están tus labios

Están tus labios diciendo

nueva poesía

a la lejanía del aire

donde tus ojos vigilan.

Tienes el corazón roto,

el alma entristecida

por el amado que sufre

la lejanía.

Su labio está recitando,

aprendiendo la sonrisa

con el vaivén de la mar

encarado hacia las brisas.

Está tu amado lejano

mutilándose la vida

mientras sueña -¿cuando sueña?-

tu cuerpo, a la deriva.

Mientras repite su verso

como una nueva poesía.

Están tus labios sintiendo

breves caricias

mirando triste

a la eterna lejanía.

sábado, octubre 13, 2007

EGO

Ayer pretendí ser como un buen profeta.

Nadie mejor para intentarlo conocía.

Grofa vida que todo lo tuerce inquieta.

Esclavo me hallé donde rey era mi meta,

lóbrego manto abatió la esperanza mía.

Malqueda, mi ilusión su sendero torció

a un mundo imperfecto que nada prometía.

Recelé pues del mundo que nunca entendió,

infausto tantos conatos, lo que era yo.

Olvidé casi vivir, si vivir hacía.

Aborreció mi estrella al ser que protegía,

baldón tras baldón continué en mi camino,

a veces por atajos y sendas que veía,

liviano mi vagar. - ¡El jocoso destino:

o morir o andar para vivir cada día!

Horado la tierra, la nueva ruta mía,

entumecido, sin entender ni quien soy.

Restañar pretendo cuan veraz profecía

mi primera y letal herida. Aquí estoy:

otro soñador más con el alma herida.

viernes, mayo 25, 2007

Estás durmiendo

Estás durmiendo

con la cabecita gacha,

con la sonrisa imposible

de porcelana.

Tu mundo es una barriga

en donde sueñas al alba,

con tierras que no pisaste

y pisarás un mañana,

con los ríos que no son ríos

porque aún son gotas de agua,

con voces que son murmullos

de los que te hablan.

Estás durmiendo

en una alcoba cálida

escuchando los latidos

del corazón que te agranda.

Un día se abrirá la puerta

y despertarás sin alas.

La luz entrará a raudales

por las ventanas.

Verás el color del mundo,

nuestras frentes arrugadas.

Verás la senda de espinas

partiendo y volviendo a tu alma.

¿Te han puesto nombre

por el que atiendes, las hadas?

¿Por el que los pajarillos

duendes te cantan?

Quiero tenerlo en mis labios

como el rocío en las plantas:

gotas de vida, frescor,

y a la vez lágrimas.

Estás durmiendo

en maternales entrañas

lleno de orgullo de madre

que nos engendra las ansias.

¿Y que verán tus ojitos

primerizos cuando nazcas?

¿Verán la mano del mundo,

vacía, sin brindarte nada?

La vida es una excusa

para ver la luz del alba,

la primera que nos llega

cuando el astro se levanta.

La vida es una muerte,

un viaje, otra llegada.

Un tránsito a otra parte...

La vida es la esperanza.

Estás durmiendo

en tu santuario de náyade

mientras mi navío intenta

abrazarse con el agua,

mientras los mares acrecen

lentamente con mis lágrimas.

Estás durmiendo

mientras los cielos engañan

paraísos que sólo son

un deseo en la mirada.

Mientras las olas acunan

los cuerpos en la resaca.

Mientras tu padre te inventa

por penínsulas extrañas.

Estás durmiendo,

en lecho de lunas blancas.

Con cariátides vigilantes,

con sirenitas de nácar.

martes, abril 03, 2007

Eres un susurro

Eres un dulce susurro

por el seno de mis labios.

La palabra rota, rota,

eco del río en los vados.

Se va desecando el río,

rumoroso, lento, manso,

cual si en vena de los dioses

su cauce haya encontrado.

Sombras de un alto majuelo

a la alta hierba del campo.

Los jilguerillos proponen

retozar de enamorados.

La tarde cae a escondidas

con la sonrisa de nardo

y los corros de amapolas

florecidos por el prado.

Cantan, vistosos jilgueros

de los ríos, junto al remanso

y su fugaz armonía

se funde allí con su canto.

Te quiero, amor, te quiero.

¡Mi corazón en tu mano!

Puedes oír como palpita

o fuertemente apretarlo.

Apretarlo fuertemente

hasta hacérmelo pedazos

que si no puede ser tuyo,

¿por qué late alborotado?

lunes, marzo 05, 2007

La vieja mora

Una vieja agarena

tristemente lloraba,

seniles quejas

de madrugada.

A su núbil efebo

no le llegaban

buces que al viento

melosa daba.

- “Azalaes de mi pueblo

que los ulemas cantan,

¿por qué yo tengo

que recordarlas?

Endechas que las ninfas

dulces ensayan

cuando en la yacija

Amor las adama.

Afásica en mi alcoba

ni morosa sonrisa

puedo improvisar ahora

que anegue el día.

Se ateza mi futuro,

mate ya, cicatero,

acaso el crepúsculo

desee mi cuerpo.”

Vetustos los penares

hasta Adonay llegan

como cachones ayes

en la ribera.

Irroga el tiempo

en su anciana alma:

son cuchillos de acero

a su tanta jactancia.

La circe del ayer

a nadie epata,

decrépita oropel

enamorada.

La vieja mora

quizás asaca

sentimientos de alcoba

a la mañana.

lunes, febrero 19, 2007

Náyade

Una temprana mañana

de bruñida aura

y de esotérico cielo,

salí, fatuo, con mis lienzos

a pintar la madrugada.

Al pie del río me encontré

a una mujer,

atrita, fija, callada,

bella joven que saciaba

quizás con agua su sed.

- “¿Para dónde vas -me dijo-

por el camino?”

A pintar, dije, el alba,

¿Y tú, que esperas sentada

en la ribera del río?

- “Mi crepúsculo final

miro llegar”.

Si pareces aún muy niña.

- “Como la luna, mi vida

con cada noche se va.

Plasmarás sobre tus lienzos,

del firmamento

el nacimiento del día

donde morimos las ninfas

y también nuestros secretos”.

En el río, al poco rato,

soberbio y manso

como un espejo azul,

se reflejaba una luz

que se apagaba despacio.

Mi intención de pintar albas

en la mañana

con los colores del aire

se transformó en un instante

por la preciosa muchacha.

Las sombras se han encendido

y harto cautivo

entre las algas envuelta

pinté a la náyade muerta

en el regazo del río.

viernes, febrero 09, 2007

Trovador

Trovador, adulador,

embaucador de mujeres.

Si ellas me quieren

les quiero yo.

Trovador, y del placer

me rindo asaz cauteloso,

no como un loco

bajo sus pies.

Trovador, mas para amar

tendré que haber recorrido

largo camino

hasta el final.

Trovador, adulador,

embaucador de mujeres.

También a veces

de almas ladrón.

Trovador. A la mujer

de su talante engañoso

poquito a poco

desaferré.

Trovador soy. Trovador,

pero despertar quisiera

de esta empresa

al corazón.

lunes, enero 29, 2007

Celos

Tres minutos, tres,

tres solos bastaron.

Sólo tres y al cabo

se fue.

Empuñó el fusil

y gritó “ramera”

cuando sintió cerca

su fin.

Tres minutos, tres,

de lenta agonía

por una maldita

mujer.

Empuñó el fusil

ciego por la rabia.

Él sólo deseaba

morir.

Tres minutos, tres,

soñando placeres,

su vida y su muerte

también.

Empuñó el fusil

al verla abrazada

con el que ella amaba

feliz.

Tres minutos, tres,

minutos aciagos.

No le había gustado

perder.

Empuñó el fusil

y disparó al pecho.

Sangre cayó al suelo

carmín.

Tres minutos, tres,

por toda una vida,

por una maldita

mujer.

miércoles, enero 17, 2007

La joven india

Joven india cantaba

dulce yaraví endecha.

Los indios la escuchaban

y lloraban de pena.

- “Te has ido, amado, pronto

a la fronda siniestra

para traer a tu amada

unas blancas dicentras.

Contigo, amado, llévame,

llévame a do te encuentras.

Mi vida dejaré,

te hallaré donde quieras.

Me hablaste de amor

y de cuan hermoso era

pero has dejado sólo

pena en mi alma doncella.

Vuelve de la espesura,

vuelve, amado, regresa.

Olvídate la Hénides

que no existen de veras.

¡Te ha matado el puma

negro de la siniestra

cerca del guayacán

donde viven las fieras!

El zahorí me contó

en la chabola vieja

como hablaste mi nombre

al ver la muerte cerca.

Me traías flores blancas

cuan mi blanca inocencia.

Traías dulces cantares

y sólo muerte llega”.

Así, la india cantaba,

melosa y plañidera,

amargo yaraví

mirando a las estrellas.

El viento iba y llevaba

al contorno sus quejas,

repitiendo los llantos,

las solemnes promesas.

- “Amado, te me has muerto

y aquí virgen me dejas

con la triste amargura

de mi blanca inocencia.

Contigo, amado, llévame,

llévame a do te encuentras,

sea corriendo en el monte

o en negra fosa muerta”.

lunes, enero 08, 2007

¿A qué esperas?

Tú, que quedaste mutilado un día,

el cuerpo desmembrado por la guerra,

dime, ¿a quién esperas?

Tú, que huiste al fin de la monotonía

y en el fragor de los mares te adentras,

dime, ¿a quién esperas?

Tú, que de la insoportable agonía

te deshaces al dolor que te lleva,

dime, ¿a quién esperas?