lunes, febrero 19, 2007

Náyade

Una temprana mañana

de bruñida aura

y de esotérico cielo,

salí, fatuo, con mis lienzos

a pintar la madrugada.

Al pie del río me encontré

a una mujer,

atrita, fija, callada,

bella joven que saciaba

quizás con agua su sed.

- “¿Para dónde vas -me dijo-

por el camino?”

A pintar, dije, el alba,

¿Y tú, que esperas sentada

en la ribera del río?

- “Mi crepúsculo final

miro llegar”.

Si pareces aún muy niña.

- “Como la luna, mi vida

con cada noche se va.

Plasmarás sobre tus lienzos,

del firmamento

el nacimiento del día

donde morimos las ninfas

y también nuestros secretos”.

En el río, al poco rato,

soberbio y manso

como un espejo azul,

se reflejaba una luz

que se apagaba despacio.

Mi intención de pintar albas

en la mañana

con los colores del aire

se transformó en un instante

por la preciosa muchacha.

Las sombras se han encendido

y harto cautivo

entre las algas envuelta

pinté a la náyade muerta

en el regazo del río.

viernes, febrero 09, 2007

Trovador

Trovador, adulador,

embaucador de mujeres.

Si ellas me quieren

les quiero yo.

Trovador, y del placer

me rindo asaz cauteloso,

no como un loco

bajo sus pies.

Trovador, mas para amar

tendré que haber recorrido

largo camino

hasta el final.

Trovador, adulador,

embaucador de mujeres.

También a veces

de almas ladrón.

Trovador. A la mujer

de su talante engañoso

poquito a poco

desaferré.

Trovador soy. Trovador,

pero despertar quisiera

de esta empresa

al corazón.