lunes, octubre 30, 2006

Tormento

Tu madre te concibió en su vientre gestando tu forma día a día y hasta aquí, en el largo y vital viaje sin retorno, has callado porque no hallaste palabras idóneas para romper el silencio, pero al encontrarme hablaste sin temor e inesperadamente aconteció lo más hermoso de nuestra mustia existencia: no enamorados. ¿Negarlo? ¿Niega acaso la rosa de la espinosa planta que le ha tocado en suerte? ¿Acaso la bella mariposa, inquieta y simpática, de la horrible oruga o gusano? ¿Por qué se ha de deshacer lo construido esté bien o esté mal? Tú tienes que seguir amándome porque tu corazón es incapaz de mentir o fingir. ¡Oh, Rigoleta! ¿A qué tenemos miedo? No hables de amor con otros hombres si a nadie más que yo puedes amar de verdad. Dentro de ti se esconde el verbo que brota como manantial de agua transparente y vital, el secreto del fruto prohibido del paraíso perdido. Ofrecerás tu cuerpo pero vacío, sin la sustancia mágica que engendra los llantos ni el arrobo de a seducción prolífera que define el encanto del encuentro primigenio. A otros hombre dirás palabras pudorosas que se gustan de oír pero cerrarás los ojos y me las estarás dedicando a mí. A mí ofrecerás tu cuerpo y otros te amarán por mí así como yo te amaré a ti en los cuerpos semipresentes de mujeres sin nombre y sin significado. ¿Por qué seguir engañándonos?

lunes, octubre 23, 2006

Debiera comprenderte

Debiera comprender esas ansias

cuando apeteces todo mi cuerpo,

cuando desnudas, estremecida,

tu endemoniada piel en silencio.

Debiera comprenderte... y callo,

ni una palabra, tan sólo observo

apenas rosados los pezones

despuntar tímidos en tu pecho.

Compones frases con la mirada,

con esa expresión del iris negro.

Tus labios arrechan los suspiros

que se escapan de tu alma adentro.

¡Cómo te mueres! ¡Desnuda mueres

por apretarte contra mi cuerpo!

¡Mueres! Están temblando tus brazos,

la piel nerviosa, sensible el sexo.

La vulva provoca un río de ganas,

un cauce preñado de deseos

para irritarse poquito a poco

con movimientos cortos y fieros.

Debiera comprender esas ansias

y te ofrezco tan sólo mi cuerpo.

Alma niña henchida de placeres,

henchida de apresurado fuego.

Obedeces al don del capricho,

ni una palabra rompe el silencio.

Sonríes y es que precisas mi carne,

¡hasta mi roja sangre te ofrezco!

Sé que te mueres porque tus labios

humedecen hasta el aliento,

porque hasta la última de tus células

se ha tornado voluptuoso sexo.

Debiera comprender esas ansias

cuando comunicamos al beso

la rabia, la intención de la noche,

la esencia misma de nuestros sueños,

pero las ideas son repentinas

y efímeros nuestros sentimientos.

Debiera comprender esas ansias

para la euforia de los dos cuerpos.

¡Cuerpos! Me agredes con tu dulzura,

ajas del pudor cualquier secreto.

Quiero gritar, hablar, expresarme,

decirlo todo en un momento.

Tu piel sigue quemando mi piel

y mis palabras se hacen silencio.

Debiera comprender esas ansias

y simplemente no quiero.

lunes, octubre 16, 2006

Bueno

Yo era bueno, buenas las calladas gentes,

bueno el mundo y lo que en él habitaba.

Era un arco iris preñado de alegría,

a la vera mía

nada entristecía ni duelo delataba.

Yo era bueno, rezumaba la dicha,

la verdad última de todo lo creado.

Rezumaba inocencia, franqueza, sueños...

Ángeles pequeños

parecían los hombres que había a mi lado.

Perturbados mis sentidos, abrumado,

eufórico de un mundo sin desaliento,

crecí como la verde hoja delicada

de la madrugada

mecida en preñada rama por el viento.

Buenas -¡Sí!- las intenciones de las gentes

mi absorta credulidad fortificaron.

Al fin me hice mayor -¡Ay!- llegó la pena.

Mi única condena:

Inocencia y amor que me traicionaron.

Yo era bueno, buenas las calladas gentes,

bueno el mundo y lo que en él habitaba.

Era un arco iris preñado de alegría,

a la vera mía

nada entristecía ni duelo delataba.

Yo era bueno, rezumaba la dicha,

la verdad última de todo lo creado.

Rezumaba inocencia, franqueza, sueños...

Ángeles pequeños

parecían los hombres que había a mi lado.

Perturbados mis sentidos, abrumado,

eufórico de un mundo sin desaliento,

crecí como la verde hoja delicada

de la madrugada

mecida en preñada rama por el viento.

Buenas -¡Sí!- las intenciones de las gentes

mi absorta credulidad fortificaron.

Al fin me hice mayor -¡Ay!- llegó la pena.

Mi única condena:

Inocencia y amor que me traicionaron.

Corina

Has visto sólo diez veces, Corina,

los amaneceres de fin de agosto

todavía prótasis, en la memoria,

junto al claro río. ¡Eran tan hermosos!

Como tú, la hija promiscua de Dafnis,

las villanas del sayón lupanar.

De la eterna unión prolijas prónubas

aún en la vacilante pubertad.

No retornarás más a la inocencia,

sin remedio, prontamente perdida

mimando a los miserables corruptos

con amapolas y llantos de niña.

La insaciable Friné bajó del trono

y abriendo la mano te dijo: “Ven”.

Era cual eco profundo y sensual,

la excusa del añorado vergel.

lunes, octubre 02, 2006

Te nombro

Te nombro

con hipotética trova,

con la sonrisa en los labios,

con un suspiro en la boca.

Te nombro

con el deseo de mi alma,

con los sueños de la noche,

con dolor en mis entrañas.

Te nombro

con las voces del silencio,

con el llanto inconsolable,

con frustrados sentimientos.