lunes, octubre 23, 2006

Debiera comprenderte

Debiera comprender esas ansias

cuando apeteces todo mi cuerpo,

cuando desnudas, estremecida,

tu endemoniada piel en silencio.

Debiera comprenderte... y callo,

ni una palabra, tan sólo observo

apenas rosados los pezones

despuntar tímidos en tu pecho.

Compones frases con la mirada,

con esa expresión del iris negro.

Tus labios arrechan los suspiros

que se escapan de tu alma adentro.

¡Cómo te mueres! ¡Desnuda mueres

por apretarte contra mi cuerpo!

¡Mueres! Están temblando tus brazos,

la piel nerviosa, sensible el sexo.

La vulva provoca un río de ganas,

un cauce preñado de deseos

para irritarse poquito a poco

con movimientos cortos y fieros.

Debiera comprender esas ansias

y te ofrezco tan sólo mi cuerpo.

Alma niña henchida de placeres,

henchida de apresurado fuego.

Obedeces al don del capricho,

ni una palabra rompe el silencio.

Sonríes y es que precisas mi carne,

¡hasta mi roja sangre te ofrezco!

Sé que te mueres porque tus labios

humedecen hasta el aliento,

porque hasta la última de tus células

se ha tornado voluptuoso sexo.

Debiera comprender esas ansias

cuando comunicamos al beso

la rabia, la intención de la noche,

la esencia misma de nuestros sueños,

pero las ideas son repentinas

y efímeros nuestros sentimientos.

Debiera comprender esas ansias

para la euforia de los dos cuerpos.

¡Cuerpos! Me agredes con tu dulzura,

ajas del pudor cualquier secreto.

Quiero gritar, hablar, expresarme,

decirlo todo en un momento.

Tu piel sigue quemando mi piel

y mis palabras se hacen silencio.

Debiera comprender esas ansias

y simplemente no quiero.

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