Debiera comprender esas ansias
cuando apeteces todo mi cuerpo,
cuando desnudas, estremecida,
tu endemoniada piel en silencio.
Debiera comprenderte... y callo,
ni una palabra, tan sólo observo
apenas rosados los pezones
despuntar tímidos en tu pecho.
Compones frases con la mirada,
con esa expresión del iris negro.
Tus labios arrechan los suspiros
que se escapan de tu alma adentro.
¡Cómo te mueres! ¡Desnuda mueres
por apretarte contra mi cuerpo!
¡Mueres! Están temblando tus brazos,
la piel nerviosa, sensible el sexo.
La vulva provoca un río de ganas,
un cauce preñado de deseos
para irritarse poquito a poco
con movimientos cortos y fieros.
Debiera comprender esas ansias
y te ofrezco tan sólo mi cuerpo.
Alma niña henchida de placeres,
henchida de apresurado fuego.
Obedeces al don del capricho,
ni una palabra rompe el silencio.
Sonríes y es que precisas mi carne,
¡hasta mi roja sangre te ofrezco!
Sé que te mueres porque tus labios
humedecen hasta el aliento,
porque hasta la última de tus células
se ha tornado voluptuoso sexo.
Debiera comprender esas ansias
cuando comunicamos al beso
la rabia, la intención de la noche,
la esencia misma de nuestros sueños,
pero las ideas son repentinas
y efímeros nuestros sentimientos.
Debiera comprender esas ansias
para la euforia de los dos cuerpos.
¡Cuerpos! Me agredes con tu dulzura,
ajas del pudor cualquier secreto.
Quiero gritar, hablar, expresarme,
decirlo todo en un momento.
Tu piel sigue quemando mi piel
y mis palabras se hacen silencio.
Debiera comprender esas ansias
y simplemente no quiero.
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