lunes, octubre 16, 2006

Corina

Has visto sólo diez veces, Corina,

los amaneceres de fin de agosto

todavía prótasis, en la memoria,

junto al claro río. ¡Eran tan hermosos!

Como tú, la hija promiscua de Dafnis,

las villanas del sayón lupanar.

De la eterna unión prolijas prónubas

aún en la vacilante pubertad.

No retornarás más a la inocencia,

sin remedio, prontamente perdida

mimando a los miserables corruptos

con amapolas y llantos de niña.

La insaciable Friné bajó del trono

y abriendo la mano te dijo: “Ven”.

Era cual eco profundo y sensual,

la excusa del añorado vergel.

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