Yo era bueno, buenas las calladas gentes,
bueno el mundo y lo que en él habitaba.
Era un arco iris preñado de alegría,
a la vera mía
nada entristecía ni duelo delataba.
Yo era bueno, rezumaba la dicha,
la verdad última de todo lo creado.
Rezumaba inocencia, franqueza, sueños...
Ángeles pequeños
parecían los hombres que había a mi lado.
Perturbados mis sentidos, abrumado,
eufórico de un mundo sin desaliento,
crecí como la verde hoja delicada
de la madrugada
mecida en preñada rama por el viento.
Buenas -¡Sí!- las intenciones de las gentes
mi absorta credulidad fortificaron.
Al fin me hice mayor -¡Ay!- llegó la pena.
Mi única condena:
Inocencia y amor que me traicionaron.
Yo era bueno, buenas las calladas gentes,
bueno el mundo y lo que en él habitaba.
Era un arco iris preñado de alegría,
a la vera mía
nada entristecía ni duelo delataba.
Yo era bueno, rezumaba la dicha,
la verdad última de todo lo creado.
Rezumaba inocencia, franqueza, sueños...
Ángeles pequeños
parecían los hombres que había a mi lado.
Perturbados mis sentidos, abrumado,
eufórico de un mundo sin desaliento,
crecí como la verde hoja delicada
de la madrugada
mecida en preñada rama por el viento.
Buenas -¡Sí!- las intenciones de las gentes
mi absorta credulidad fortificaron.
Al fin me hice mayor -¡Ay!- llegó la pena.
Mi única condena:
Inocencia y amor que me traicionaron.

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