lunes, octubre 16, 2006

Bueno

Yo era bueno, buenas las calladas gentes,

bueno el mundo y lo que en él habitaba.

Era un arco iris preñado de alegría,

a la vera mía

nada entristecía ni duelo delataba.

Yo era bueno, rezumaba la dicha,

la verdad última de todo lo creado.

Rezumaba inocencia, franqueza, sueños...

Ángeles pequeños

parecían los hombres que había a mi lado.

Perturbados mis sentidos, abrumado,

eufórico de un mundo sin desaliento,

crecí como la verde hoja delicada

de la madrugada

mecida en preñada rama por el viento.

Buenas -¡Sí!- las intenciones de las gentes

mi absorta credulidad fortificaron.

Al fin me hice mayor -¡Ay!- llegó la pena.

Mi única condena:

Inocencia y amor que me traicionaron.

Yo era bueno, buenas las calladas gentes,

bueno el mundo y lo que en él habitaba.

Era un arco iris preñado de alegría,

a la vera mía

nada entristecía ni duelo delataba.

Yo era bueno, rezumaba la dicha,

la verdad última de todo lo creado.

Rezumaba inocencia, franqueza, sueños...

Ángeles pequeños

parecían los hombres que había a mi lado.

Perturbados mis sentidos, abrumado,

eufórico de un mundo sin desaliento,

crecí como la verde hoja delicada

de la madrugada

mecida en preñada rama por el viento.

Buenas -¡Sí!- las intenciones de las gentes

mi absorta credulidad fortificaron.

Al fin me hice mayor -¡Ay!- llegó la pena.

Mi única condena:

Inocencia y amor que me traicionaron.

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