lunes, octubre 30, 2006

Tormento

Tu madre te concibió en su vientre gestando tu forma día a día y hasta aquí, en el largo y vital viaje sin retorno, has callado porque no hallaste palabras idóneas para romper el silencio, pero al encontrarme hablaste sin temor e inesperadamente aconteció lo más hermoso de nuestra mustia existencia: no enamorados. ¿Negarlo? ¿Niega acaso la rosa de la espinosa planta que le ha tocado en suerte? ¿Acaso la bella mariposa, inquieta y simpática, de la horrible oruga o gusano? ¿Por qué se ha de deshacer lo construido esté bien o esté mal? Tú tienes que seguir amándome porque tu corazón es incapaz de mentir o fingir. ¡Oh, Rigoleta! ¿A qué tenemos miedo? No hables de amor con otros hombres si a nadie más que yo puedes amar de verdad. Dentro de ti se esconde el verbo que brota como manantial de agua transparente y vital, el secreto del fruto prohibido del paraíso perdido. Ofrecerás tu cuerpo pero vacío, sin la sustancia mágica que engendra los llantos ni el arrobo de a seducción prolífera que define el encanto del encuentro primigenio. A otros hombre dirás palabras pudorosas que se gustan de oír pero cerrarás los ojos y me las estarás dedicando a mí. A mí ofrecerás tu cuerpo y otros te amarán por mí así como yo te amaré a ti en los cuerpos semipresentes de mujeres sin nombre y sin significado. ¿Por qué seguir engañándonos?

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