lunes, septiembre 25, 2006

Un largo viaje

Un inmenso surco es la estela de mi barco

cuando va solitario navegando en la mar.

Un surco muy largo, sin retorno, sin arado,

un surco de espuma, sólo de sueños, quizás.

Una incisiva reja es la quilla de mi barco,

diente voraz sobre la corteza de la mar.

Besanas estériles lleva abriendo temprano

hacia el horizonte, hacia el mañana falaz.

Una afanosa ala es la vela de mi barco

cuando arranca ayes a los vientos de la mar,

cuando se resquebraja al ciclón endiablado

y firme, orgulloso aguanta el acoso letal.

Un largo viaje es la ruta de mi barco,

un surco, una reja, una ala de la mar.

Solitario, voraz y roto. Un viaje largo,

un sueño del que ya no despertamos jamás.

Un inmenso surco es la estela de mi barco

cuando va solitario navegando en la mar.

Un surco muy largo, sin retorno, sin arado,

un surco de espuma, sólo de sueños, quizás.

Una incisiva reja es la quilla de mi barco,

diente voraz sobre la corteza de la mar.

Besanas estériles lleva abriendo temprano

hacia el horizonte, hacia el mañana falaz.

Una afanosa ala es la vela de mi barco

cuando arranca ayes a los vientos de la mar,

cuando se resquebraja al ciclón endiablado

y firme, orgulloso aguanta el acoso letal.

Un largo viaje es la ruta de mi barco,

un surco, una reja, una ala de la mar.

Solitario, voraz y roto. Un viaje largo,

un sueño del que ya no despertamos jamás.

lunes, septiembre 11, 2006

EGO

Ayer pretendí ser como un buen profeta.

Nadie mejor para intentarlo conocía.

Grofa vida que todo lo tuerce inquieta.

Esclavo me hallé donde rey era mi meta,

lóbrego manto abatió la esperanza mía.

Malqueda, mi ilusión su sendero torció

a un mundo imperfecto que nada prometía.

Recelé pues del mundo que nunca entendió,

infausto tantos conatos, lo que era yo.

Olvidé casi vivir, si vivir hacía.

Aborreció mi estrella al ser que protegía,

baldón tras baldón continué en mi camino,

a veces por atajos y sendas que veía,

liviano mi vagar. - ¡El jocoso destino:

o morir o andar para vivir cada día!

Horado la tierra, la nueva ruta mía,

entumecido, sin entender ni quien soy.

Restañar pretendo cuan veraz profecía

mi primera y letal herida. Aquí estoy:

otro soñador más con el alma herida.

jueves, septiembre 07, 2006

Niña de pueblo

Tienes ya quince años floridos,

la niña de antaño, del pueblo,

la ninfa de los campesinos,

la virgen de los ojos negros.

Tu sexo, nenúfar tardío,

te floreció sin entenderlo

mientras sentías como un capricho

te enardecía todo el cuerpo.

El ardor de sazón rendido

aprisiona tus sentimientos

y del pueblo por los caminos

te abandonas a los mancebos.

Los placeres que no has vivido

se te insinúan de ansias tan llenos

que para alborear tus sentidos

tienen que anochecer tus miedos.

miércoles, septiembre 06, 2006

Abril

La primavera inundó de leche

tus venas,

tus pezones fueron maternal ansia

y fresas,

fueron inmensa vida en su boca

pequeña.

Cumpliste tus tantos sueños primeros

de hembra

atajando el dolor, el resquemor,

las penas...

Brotó la luz, irisó con colores

de estrella.

La primavera trajo vida, paz,

belleza

y transformó a la niña, antaño

risueña

en la ubicua musa, ninfa, diosa

del poeta.

La primavera hartó de orgullo

tus venas

y tu leche fue vida en su boca

inquieta.

La primavera asintió, te preñó

de fiesta.

lunes, septiembre 04, 2006

Mal hijo

Negro semen fertilizó mi vientre primero

en una aciaga noche de tormento infernal.

Fue mi cuerpo un desmedido surco sementero

do célere la raíz se cuajó de tanto mal.

De mis tetas primerizas leche venenosa

manó en la ingenua juventud del enamorar.

Consentí por indecisa la vida gozosa

mas de dolor infecta que no pude aguantar.

Mi sexo impuro desdobló su velada puerta

y una criatura maligna a este mundo parió.

Fueron vagidos de un nacido para una muerta,

desde entonces para mi la dicha no existió.

Nació un hijo avieso de mis entrañas recientes

sin un pedacito siquiera de corazón,

con la mirada del demonio para las gentes

y sin esperanza, para mí, de redención.

Mi cuerpo marchitose en el incisivo olvido

sin un minúsculo deseo de joven mujer.

Enranciose mi sexo y permaneció prohibido

para los ideales que nos propone el placer.

Morí en la vida mucho más que en la justa muerte

do mi hijo revivió para su insaciable sed.

¿Qué dios de bondad infinita en las almas vierte

tanto rencor e impasible le dice: “¡Creced!”?

Quedose el alma ingenua trémula y dolorida

para una nueva vida que de mi carne di.

Fue mía la culpa por confiar en vulva atrevida

y en misógino sembrador que se atrevió allí.

Ya nada me queda sino un recuerdo lesivo,

un engendro que nunca consintiera parir.

Un mal hijo, mujeriego, sacrílego y esquivo,

cruz inmerecida de mi perpetuo sufrir.