lunes, septiembre 11, 2006

EGO

Ayer pretendí ser como un buen profeta.

Nadie mejor para intentarlo conocía.

Grofa vida que todo lo tuerce inquieta.

Esclavo me hallé donde rey era mi meta,

lóbrego manto abatió la esperanza mía.

Malqueda, mi ilusión su sendero torció

a un mundo imperfecto que nada prometía.

Recelé pues del mundo que nunca entendió,

infausto tantos conatos, lo que era yo.

Olvidé casi vivir, si vivir hacía.

Aborreció mi estrella al ser que protegía,

baldón tras baldón continué en mi camino,

a veces por atajos y sendas que veía,

liviano mi vagar. - ¡El jocoso destino:

o morir o andar para vivir cada día!

Horado la tierra, la nueva ruta mía,

entumecido, sin entender ni quien soy.

Restañar pretendo cuan veraz profecía

mi primera y letal herida. Aquí estoy:

otro soñador más con el alma herida.

No hay comentarios.: