lunes, enero 29, 2007

Celos

Tres minutos, tres,

tres solos bastaron.

Sólo tres y al cabo

se fue.

Empuñó el fusil

y gritó “ramera”

cuando sintió cerca

su fin.

Tres minutos, tres,

de lenta agonía

por una maldita

mujer.

Empuñó el fusil

ciego por la rabia.

Él sólo deseaba

morir.

Tres minutos, tres,

soñando placeres,

su vida y su muerte

también.

Empuñó el fusil

al verla abrazada

con el que ella amaba

feliz.

Tres minutos, tres,

minutos aciagos.

No le había gustado

perder.

Empuñó el fusil

y disparó al pecho.

Sangre cayó al suelo

carmín.

Tres minutos, tres,

por toda una vida,

por una maldita

mujer.

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