martes, diciembre 12, 2006

La niña casada

Estoy yo casada,

no soy niña, no,

sino por el alma

ansiosa de amor,

por besos tempranos

sin pasión.

No soy niña, no.

Era yo hermosa,

una bella flor

cuando el prometido

de guerrear llegó

y con su mirar

cual brillante sol

rendida en sus brazos

me hechizó.

No soy niña, no.

Queríame casar

por tener perdón

de mi vida alegre,

de mi alegre albor

siendo niña pura

libre de aflicción.

A mi ingenuo oído

vino su honda voz

y llegó tan hondo

a mi corazón.

Ofrecile el sexo

intacto a varón

y hablele llorando:

“Tuya soy”

Entró el prometido

sin más compasión

y el cuerpo de niña

perdió su candor.

No soy niña, no.

Estoy ya casada

y con gran dolor

que no tengo ni alma

ni tengo pudor

de las cosas castas

construidas por Dios.

“No llorarás, hija”,

la madre avisó.

No lloro, mi madre,

ni pido perdón.

Sólo miro al cielo

y escucho una voz,

“no eres niña, no”.

No hay comentarios.: