Estoy yo casada,
no soy niña, no,
sino por el alma
ansiosa de amor,
por besos tempranos
sin pasión.
No soy niña, no.
Era yo hermosa,
una bella flor
cuando el prometido
de guerrear llegó
y con su mirar
cual brillante sol
rendida en sus brazos
me hechizó.
No soy niña, no.
Queríame casar
por tener perdón
de mi vida alegre,
de mi alegre albor
siendo niña pura
libre de aflicción.
A mi ingenuo oído
vino su honda voz
y llegó tan hondo
a mi corazón.
Ofrecile el sexo
intacto a varón
y hablele llorando:
“Tuya soy”
Entró el prometido
sin más compasión
y el cuerpo de niña
perdió su candor.
No soy niña, no.
Estoy ya casada
y con gran dolor
que no tengo ni alma
ni tengo pudor
de las cosas castas
construidas por Dios.
“No llorarás, hija”,
la madre avisó.
No lloro, mi madre,
ni pido perdón.
Sólo miro al cielo
y escucho una voz,

No hay comentarios.:
Publicar un comentario