Adiós,
navegué tu cuerpo
surqué mares de deseo
so cielos de porcelana.
Adiós,
encallé la quilla
por tu piel estremecida
entre caricias del alba.
Adiós,
rompí de tus labios
un “te quiero” enamorado
al borde de la ribera.
Adiós,
gocé en tu regazo
como un hombre despacio
de tu cándida belleza.
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