Naciste salvaje,
como el lobo, como el verde majuelo,
llena de coraje.
Decían que eras ángel caído del cielo.
Del viento los pasos
seguiste cuando encama los trigales,
contando fracasos
consentiste placeres por ideales.
Del pueblo asumiste
sus costumbres y hasta el mudo enfado
pero no quisiste
ser como las mujeres del arado.
El alma es sabia
y tú te juraste una triunfadora,
mas sólo la rabia
habló por ti a gritos llegada la hora.
Ellos te humillaron,
los hombres de la aldea que más amabas.
Sólo odio hallaron
por más amor que tú les entregabas.
Rompiste los lazos
que en los pies de mujer eran cadenas.
Te dieron abrazos
mas retornaron a sembrar sus penas.
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