Naciste con la rabia
que a las mujeres de mi pueblo da la tierra.
Tras el arado sobre la besana abierta
caminabas.
Con el sacho al hombro
recorriste las extremas del campo seco
y a cada hazadazo despertabas el sueño
de tus ojos.
Que la tierra tan brava
como res salvaje y fiera sabías que era.
Era viento maino y lluvia que caía llena
de esperanzas.
Fuiste niña de pueblo
y tu seno medró con los tojos del monte,
bravo. Tras la reja ajaste el ansia de amores
de tu cuerpo.
Crecías para la muerte
cual el centeno va creciendo para el grano.
El amor cosechó hierbas malas y en barro
los placeres.
Tus manos fermentaron
porque así lo hacía la borona cada día.
Morías en la huerta, en cada surco que abrías
en el campo.
Naciste con la rabia
que a las mujeres de mi pueblo da la tierra,
mas callaste. ¡Habías muerto con la inocencia
en la infancia!
No hay comentarios.:
Publicar un comentario