Yo soy la esencia del rubor y la inocencia. He resuelto los enigmas del misterioso e interminable universo. Desvelé a la bella de su sueño y bebí el icor de las aras del Olimpo.
En la lejanía de los mares de coral, de las rubias sirenas fui confidente. Luché contra furiosos dragones y a la grupa de blanco Pegaso recorrí el éter vacío hasta los márgenes del paraíso.
Tengo en mi alma el estigma de la vida eterna. Muero en la tierra a cada segundo y resucito triunfador en el horizonte marino completamente desnudo. Las muss adí: el legado de la pasión.
Soy el Oberón de las graciosas hadas, de los dioses su elegido. Nada temo, nada debas me amaron, las nereidas, también las náyades y las nepeas. Poseo el poder que de Eroo. Siento pena por los hombres que sufren su desdichada existencia; maldigo a los tiranos y a los crueles extermino.
Soy el viento furioso que arrasa las cosechas. Soy el divino sol que da vida cada día. Soy la lluvia fría. Soy poeta.
Corté las siniestras alas del sanguinario grifo y el laberinto colérico destruí. La ignorancia despojé de mi incorruptible reino. Hago florecer a las plantas, las simientes germino. Mis manos llegan al infinito, todo lo atrapan y para mis ojos las barreras nunca existieron.
Soy etéreo como el alba pero tangible como las rocas de los montes. Otorgué virginidad a las criaturas más delicadas, cedí mi instinto a los mártires y renuncié a los placeres insulsos de la carne.
Mi arma es el largo arco y las flechas de Cupido. Mi escudo la red sutil que separa los sueños de la realidad. Las cuerdas de la lira son las rejas de mi celda y mi magia... la poesía.

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